Nicolás Maduro reveló este lunes que había enviado una carta al Papa solicitándole una intervención. “Le pido que produzca su mejor esfuerzo, su voluntad para ayudarnos en el camino del diálogo”, dijo. Hasta anoche había silencio en el Vaticano.
No suelen atribuirle a Maduro gran sagacidad política, pero hay que reconocerle el aprovechamiento que hace de cada intento de diálogo con la oposición para ganar tiempo huyendo hacia adelante y permanecer en el poder.
Francisco lo sufrió hace dos años cuando procuró un entendimiento enviando como delegado al arzobispo Claudio Celli, que fue y vino varias veces de Caracas, siempre con las manos vacías.
Todo terminó con una dura carta a Maduro del secretario de Estado vaticano, el cardenal Pietro Parolín, en la que le reprochaba el fracaso de las tratativas.
Ahora Maduro, acorralado por buena parte de la comunidad internacional y asfixiado económicamente por el cerco a la petrolera PDVSA que Donald Trump dispuso en EE.UU., decidió apelar otra vez al pontífice.
El propio Francisco había manifestado en el vuelo de regreso a Roma, tras su visita a Panamá, su disposición a volver a intervenir ante el temor a un derramamiento de sangre mucho mayor.


