La caída en el consumo que afecta a la actividad comercial en general, también está repercutiendo en las instituciones de la economía solidaria que brindan servicios de venta de alimentos, las llamadas proveedurías mutuales.
La caída en el consumo es una inquietante realidad que afecta a comercios, industrias y, sobre todo, a los ciudadanos -asalariados o trabajadores informales- que ven mermado su poder adquisitivo.
Hasta no hace mucho tiempo, los servicios de proveedurías de las organizaciones de la economía social y solidaria, eran una opción que podía emerger ante escenarios de crisis coyunturales.
Pero en el presente, todos los indicadores económicos marcan una tendencia que parece exceder de algo coyuntural, para quedar establecidos como nuevo modelo de sociedad.
Bajo este marco, las mutuales y cooperativas que brindan servicios de venta de alimentos, también se ven resentidas en la misma magnitud que el sector comercial lucrativo.
Pedro Ramos, desarrollador del servicio de proveedurías mutuales, con presencia en más de veinticinco instituciones, fue entrevistado por el medio Pensa con Opinión, y trazó un panorama crítico sobre la realidad del sector que atiende este tipo de prestaciones.
“La situación nuestra no es ajena al contexto general, en el que se cierran pequeños comercios; el costo operativo ha crecido mucho, servicios, alquileres, y un muy bajo consumo por parte de los asociados», sostuvo Ramos.
El consultor señaló que el proceso empezó «con un movimiento de baja de categoría», en referencia a cómo el consumidor fue pasando de una primera marca a una segunda y luego a una tercera, hasta llegar a estos momentos «en que se hacen las compras del día».
Quedó atrás la rutina del «carro lleno»
«Ya no existe la compra del carro lleno que alcanzaba para dos o tres semanas. Se está sintiendo una retracción muy fuerte; la cantidad de personas no cambió, pero sí el volumen de facturación. Esto repercute en las dificultades para absorber los costos fijos. En algunos casos hubo que apelar a la reducción de estructura, incluso de personal, lo cual es muy doloroso, pero hay que tratar de que subsista el servicio», abundó Ramos, quien también forma parte de la Comisión Directiva de la Federación Provincial de Mutualidades de Córdoba (Femucor).
“Este es un proceso que, si no se revierte en algún momento, lo que empezó como una restricción en los gastos operativos, puede pasar a poner en juego la supervivencia de las proveedurías. Acá hay algo que está fuera de nuestro alcance, que es la posibilidad de que la gente tenga poder de compra; eso va de la mano de una recomposición salarial. Hoy se postergan algunos pequeños gustos y se concentran en una compra básica de alimentos, porque los gastos de una familia también han crecido», abundó Pedro Ramos.
En cuanto al impacto en las proveedurías de alimentos de mutuales y cooperativas de Córdoba, sostuvo que en el sector mutualista y cooperativo el esfuerzo que se hace llevó a disminuir al máximo la rentabilidad, en virtud de que se trata de un servicio social.
«La gente toma la cuenta corriente que las proveedurías mutuales pueden ofrecer, al plazo que autoriza el reglamento, que es de 30 días. Ahora, el asociado la utiliza, paga la compra en ese término, pero al mes siguiente vuelve a la cuenta corriente y así va aplazando el pago de su compra. Y en algunos casos, no lo puede pagar, entonces apela al servicio de ayuda económica, que se encarece porque ya tiene un costo financiero. Y es notable el crecimiento de cuentas corrientes para compra de alimentos; esto demuestra que las personas están en un serio problema de disminución en su capacidad de compra”, finalizó el desarrollador del servicios de proveedurías mutuales.


