El dato corresponde al ranking de Inversión Extranjera Directa (IED). «No es posible sostener una estrategia de desarrollo basada únicamente en grandes proyectos extractivos», afirma la OCDE.
Pese a la retórica «pro mercado» del gobierno de Javier Milei, Argentina quedó en el último lugar del ranking de Inversión Extranjera Directa (IED), de acuerdo a los datos brindados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); por detrás Brasil, México y Colombia, tres países con gobiernos progresistas y de centroizquierda.
La OCDE detalló la escala de inversiones internacionales de forma directa que recibió cada economía regional.
-Brasil: US$76.877 millones.
-México: US$40.871 millones.
-Chile: US$13.152 millones.
-Colombia: US$11.462 millones.
-Costa Rica: US$5.733 millones.
–Argentina: US$3.134 millones.
De esta manera, y según un informe realizado por Misión Productiva, los números dan cuenta de los desafíos que debe enfrentar Argentina para ser competitivo y lograr su consolidación como destino de inversiones productivas en el largo plazo.
En este sentido, desde tal espacio de pensamiento que busca el desarrollo productivo expresaron que el dato “resulta especialmente significativo porque ocurre en un contexto donde el Gobierno impulsó un fuerte esquema de incentivos a grandes inversiones mediante el RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones)”.
Sin embargo, los números de la OCDE muestran que esas inversiones vinculadas principalmente a recursos naturales y energía “no alcanzan para generar un proceso amplio de atracción de capitales”.
También sostienen que «no es posible sostener una estrategia de desarrollo basada únicamente en grandes proyectos extractivos» y que «la capacidad de atraer inversión también depende de factores como el dinamismo del mercado interno, el acceso al crédito, la estabilidad macroeconómica, la infraestructura y las perspectivas de crecimiento de sectores como la industria, la construcción y las pymes”.
Los nodos clave que explican la baja inversión extranjera en el país:
-La fuerte caída del consumo y de la demanda interna, que reduce incentivos para ampliar capacidad productiva.
-La paralización de la obra pública, de manera directa, con impacto sobre la industria y las cadenas proveedoras.
-Escasez de crédito productivo.
-Apreciación cambiaria y deterioro de la competitividad en sectores transables.
-Elevada incertidumbre sobre la sostenibilidad futura del esquema macroeconómico.
-Debilidad del entramado pyme y caída de sectores intensivos en empleo.
Partiendo de esta base, desde Misión Productiva marcan que el desafío hacia adelante “pasa por reconstruir condiciones para una expansión más amplia de la inversión productiva, en todos los sectores”.


