El gobierno de Brasil logró que en la capital paulista sean abastecidas 40 estaciones de servicio; el 5% de las 855 instaladas en esta capital. Esto ocurre en el noveno día de conflicto con los transportistas, con un sector importante de ellos que continúa al costado de las rutas y en muchos casos las llegan a bloquear.
Con lo cual, a pesar de que hay una tendencia a la normalización, el caos continúa. Las colas para cargar nafta son gigantescas. Y todavía no se declaró formalmente el fin de la huelga.
Los camiones que traen combustible a las ciudades, lo hacen escoltados por fuerzas de seguridad.
El transporte público continúa disminuido, con un 70% de la flota de ómnibus que circulan en horas picos y bajan a 60% en lo restante del día.
En tanto, el presidente Michel Temer afirmó que “hay cero posibilidad de intervención militar”.
Este es uno de los temas que se ventiló el lunes, cuando aparecieron carteles en camiones de huelguistas con carteles que clamaban: “Intervención militar”.
Se dice que los gremios transportistas le habían informado al presidente hace ya un año, cuando comenzó la política de precios de los combustibles comandada por Petrobras, que la situación se podía volver insostenible.
Nuevos avisos fueron realizados en diciembre sin que Brasilia se hiciera eco de las preocupaciones de los camioneros autónomos, que son la inmensa mayoría. Finalmente, una semana antes de ser declarado el paro, las centrales sindicales del sector le avisaron día y fecha en que éste sería deflagrado.
Pero Temer y sus ministros hicieron caso omiso del aviso. Recién cuando vieron el caos que producía la huelga, comenzaron a buscar negociaciones.
Uno de los diputados próximos al presidente declaró: “La huelga de camioneros detonó la popularidad de Temer y del gobierno. Ahora la población está furiosa” sostuvo Rogerio Rosso, del PSD (Partido Social Democrático).